Niños Halcones
De la guerra que inicio el ex presidente Felipe Calderón contra el narcotráfico en 2006, los niños y las niñas mexicanas no quedaron a salvo: a ellos la violencia también los engulló, A unos los hizo huérfanos, víctimas de asesinato o desaparición, a otros el crimen los reclutó como "halcones" (vigilantes a sueldo) y distribuidores de droga al menudeo, a cambio a veces de algún juguete, una bicicleta o un pago miserable.
Incluso hubo alguno que recibió de los criminales entrenamiento y armas para matar. Como el caso muy conocido en México de "El Ponchis", un adolescente que tenía 14 años cuando lo aprehendieron por posesión de armas de fuego exclusivas del Ejército y participación en secuestros, torturas y homicidios, inicio su carrera delictiva a los 12 años, cuando el novio de su hermana lo inicio en el mundo del narcotráfico.
El suyo es el ejemplo más extremo y mejor documentado de lo que el crimen y la violencia han hecho en la vida de los niños y las niñas mexicanos, recibió una sentencia mínima de 3 años en un centro de tratamiento de menores en Morelos, cuyas historias se pierden en las abundantes cifras de víctimas –muertos, desparecidos, desplazados– que ha dejado la violencia y la política de seguridad de dos gobiernos en México.
El narco en la Ciudad de México a menudo se interpreta como un ojo que todo lo ve. Su presencia está en todos lados y en ningún sitio. En Tepito — el barrio bravo de la capital mexicana— el concepto ha tomado un sentido literal.
Los operarios del grupo criminal La Unión Tepito habrían contratado halcones (vigilantes) en puntos clave de la zona para controlar los movimientos de ciudadanos y autoridades. Los golpes a la organización y la caída de importantes líderes criminales han motivado a que los miembros de la Unión estén atentos a cada movimiento.
Grupos de niños de los seis a los 14 años roban, vigilan la zona y dan aviso a los mayores, a quienes ven como su ejemplo a seguir en el camino de la delincuencia, van en bicicletas o en patines, otros sólo están en las maquinitas jugando. Son más de diez pequeños, de aproximadamente seis años, los halcones más jóvenes que cuidan la Plaza Garibaldi en la Ciudad de México.
Se escucha un chiflido. Un joven de 14 años con su bicicleta se acerca a un niño y le dice: “Vete a generar”. En otras palabras significa: “consigue dinero como sea”. Robar en el Metro o afuera de las estaciones para después vender las cosas dentro de las vecindades es la forma en la que los menores obtienen dinero.
Otros son los que integran La Bandita, como los conocen sus vecinos. Son cerca de seis y tienen entre 14 y 16 años, y algunos de ellos, además de vigilar la zona, cuidan a sus hermanos y sobrinos, “pero desde ahí los empiezan a guiar”, dice un vecino.
“Les dicen lo que tienen que hacer, por ejemplo: si ven algo ‘extraño’ tienen que avisar. Si es algo pesado; si un güey está vendiendo por ahí cerca, hay alguien nuevo o a quien puedan asaltar, los grandes van a tantear el terreno. Le tienen que contar a sus hermanos y dependiendo la edad pueden actuar o hablarle a alguien más”. Los mayores en ocasiones esperan dentro de las vecindades.
Existen estadísticas de niños desaparecidos o asesinados, pero detrás de cada número hay una historia, un pequeño o pequeña que padeció el coletazo de la violencia y por muy diversos motivos.
● Mueren porque están en el momento y en lugar equivocado, o porque los perpetradores ya perdieron cualquier noción de límite.
Autor:Rojas Díaz Ana Arely
Criminalística, Criminología y TAMP B Acolman, Edo. Méx.
Fuente: Federación Internacional de Criminalistica y Criminología
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