LAS CARAS DEL MAL: RAÚL OSIEL MARROQUÍN "EL SÁDICO"
Raúl Osiel Marroquín Reyes, nació en Tampico, Tamaulipas, el 01 septiembre de 1980. Marroquín Reyes cursó un año de la carrera de médico militar y fue miembro del ejército mexicano durante cuatro años, con el grado de Sargento Primero, pero causó baja. Estuvo preso en Tampico durante 14 meses bajó el cargo de robo violento.
Fue un asesino en serie mexicano responsable de 6 secuestros, 4 de ellos acabaron con la muerte de sus víctimas, perpetrados entre el 21 de enero y el 22 de diciembre del 2005, en Cd. de México.
Todas sus víctimas fueron hombres homosexuales, por lo cual se ha convertido en un símbolo de la homofobia en México.
Tras su detención, Marroquín declararía no ser homofóbico (aunque esta aseveración se contradiría por otras hechas por el homicida, en donde se refiere a los homosexuales como “un mal para la sociedad”) que la razón principal de que fueran hombres homosexuales sus víctimas se debía a que estas personas eran más fáciles de plagiar; esta fue la declaración que hizo al ser cuestionado sobre su patrón:
«…por no batallar en operaciones que implicaran armas y vehículos, tan sólo bastaba con ir a los lugares que ellos frecuentaban y ellos solos me abordaban, se me hacía más fácil tratar a esas víctimas.» (Osiel Marroquín, Raúl. 2006).
• Carecía de empatía y cosificaba a las personas a su alrededor. Se mostraba reacio a someterse a las normas sociales y esto lo hacía proclive a la desviación y la criminalidad.
• Carecía de culpa y no aceptaba la responsabilidad sobre sus actos.
• Racionalizaba sus actos y poseía una autoestima inflada. El ejemplo más claro de esto fue el expresar que sus crímenes fueron un bien para la sociedad:
• Era proclive a las perversiones sexuales.
• Se sentía atraído y se encontraba en constante búsqueda de emociones fuertes; lo que también junto con la ausencia de empatía, el egocentrismo y la incapacidad de aceptar la responsabilidad de sus actos, lo hacían proclive a la desviación, el crimen y las parafilias.
• Era megalómano. Su atracción patológica se aprecia claramente en la tortura que sometía a sus víctimas: al torturar se busca quebrar la voluntad del individuo despojarlo de su calidad humana, y así hasta tener poder absoluto, sobre dicha persona.
• Era carismático, atractivo y manipulador.
• Era violento y sufría de explosiones de ira.
Abordaba a sus víctimas, (a quienes conocía en un famoso bar gay, llamado el Cabaretit o Neón, ubicado en la Zona Rosa, en la Col. Juárez, delegación Cuauhtémoc de la Cd. de México), con propuestas sentimentales y/o eróticas; los invitaba a su casa ubicada en el 4223 de la Av. Andrés Molina Enríquez, en la Col. Asturias, delegación Venustiano Carranza, también de la Cd. de México, o a algún hotel; en donde dependiendo si contaba con los recursos económicos, los secuestraba o no. Contaba con la ayuda de un cómplice: Juan Enrique Madrid. A los hombres que plagiaba los sometía a tortura (de ahí su apodo) tenía un especial predilección por sofocar a sus víctimas, antes de matarlas las asfixiaba hasta que perdiera el conocimiento, una vez que volvían en sí las volvía a asfixiar, y así una y otra vez.
«No me arrepiento de lo que hice. De tener la oportunidad lo volvería a hacer, solo que sería más cuidadoso para no ser atrapado y no cometería los mismos errores que llevaron a mi captura. De lo único que me arrepiento es por lo que está pasando mi familia ahora…» (Osiel Marroquín, Raúl. 2006).
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